De todas las civilizaciones que se encuentran representadas en ese macro espectáculo temático que es Terra Mítica, la más sorprendente e inquietante es, a mi juicio, la actual. Son cuatro los pueblos que conquistaron y especularon en estas tierras mediterráneas del levante peninsular y que están reproducidas en el famoso parque de Benidorm: Egipto, Grecia, Roma y los pueblos Íberos. Pero ahora, además, cuenta con la incorporación del imperio Moreno y sus huestes cargadas hasta los calentadores del gusto por la caspa catódica.
En Septiembre fuimos invitados a un programa de humor veraniego que se grababa en este marco turístico incomparable de Benidorm. El día prometía ser cuando menos, curioso. Nada más empezar nos encontramos con que los billetes de avión que nos habían reservado desde la productora no aparecían en ninguna compañía aérea. Nos consoló descubrir que no éramos los únicos con problemas, pues las ventanillas de Iberia para recibir reclamaciones estaban atestadas de viajeros hartos de sufrir contratiempos. Al final pudimos resolverlo tomando un avión que salía más tarde hacia Alicante. Nada más tomar tierra, tuve la sensación de haber cruzado el espejo de Alicia, pues todo me parecía al revés. El cielo estaba encapotado, con esa espesura más propia de los cielos cántabros o asturianos que de la cuenca mediterránea por esas fechas. Según nos contaron, a la salida nos esperaba una comitiva de bienvenida en forma de autobús para llevarnos a nosotros y a los demás colaboradores al hotel. Pero nadie salió a recibirnos; lo cual me tranquilizó bastante al mitigar mis especulaciones acerca del mundo tras el espejo en el que creíamos encontrarnos. Y es que, si las cosas no van como deberían ser, eso es indicio de que todo va bien. ¿no?
Juicios aparte, y tras una ligera espera, alguien nos metió como a ganado en un autobús donde tuvimos la gran sorpresa de conocer a Elliot; que se convirtió el encargado de hacer que este viaje fuera inolvidable. El paseo hasta Benidorm fue interminable porque el responsable de hacerlo entre tanto imperio no se ubicaba bien y dimos más vueltas que un bastardo el día del padre. Pudiendo haber llegado al hotel a las seis de la tarde, no lo hicimos hasta las nueve. Aunque debo reconocer, que al llegar al hotel preferimos estar dando vueltas por las circunvalaciones de Benidorm a permanecer allí mucho tiempo.
No es por nada, pero da mucho miedo hospedarse en un hotel de más de cincuenta pisos —dicen que es el hotel más alto de Europa—, donde los ascensores tardan una digestión en llegar y la edad media de los clientes era de sesenta años; como para que se incendie y tener que salir corriendo, vamos. A pesar de todo y por la razón que queramos, el hotel Bali, es impresionante. ¿El lujo?, bueno, supongo que lo tendrían metido en una caja fuerte porque nosotros no lo vimos. Sí sufrimos, en cambio, los desastres de la cocina industrial en nuestro estómago; de vez en cuando, aún me viene un regustillo a rancio que desemboca en gases letales.
Con todo este trajín en el cuerpo nos llevaron por fin al parque temático para ensayar lo que se grabaría al día siguiente. La noche prometía ser larga pero gracias a Elliot, Alexis Valdés y su maravilloso y feliciano padre, Leonel Valdés se tornó memorable. En el ensayo pudimos averiguar quiénes eran el resto de participantes de este singular evento capitaneado por el omnipresente José Luis Moreno: Andrés Pajares, Chiquito de la Calzada, Golden Apple Quartet, Spingo, Vol Ras y los actores y compañeros de esas comedias tan ultra modernas y tan divertidas que ha restaurado Yahvé. Al día siguiente, huimos a un pequeño café para desayunar, teniendo aún presente en la memoria retentiva la noche anterior; en ese típico estado entre el sueño y la vigilia. Al mediodía, después de pasar lo que quedaba de mañana esquivando niños en la piscina del hotel, fuimos a comer un pedazo de paella a un restaurante de playa que reservó Gonzalo. Debía ser uno de los mejores, pues allí coincidimos todos, desde Andrés Pajares hasta el mismísimo Miguel Indurain, que se encontraba cerca de nosotros como si se tratara de una persona normal junto a su esposa y sus indurainitos. Comimos como cerdos y reímos como hienas... ¿han visto alguna vez a un guiri imitando a Chiquito de la calzada? Pues si alguna vez lo ven, cuídense de no estar masticando en ese momento o correrán el riesgo de atragantarse como Bush con las galletas. Elliot no paró de sacarle punta a todo. Es uno de esos payasos que lo llevan en la sangre. Estaba escrito que nos hiciéramos inseparables.
Voy a liberarles de la pesada carga que supondría tener que leer la crónica de la noche de grabación, en la cual, nos dio tiempo de dar ocho vueltas a todo el parque de atracciones. Cuando terminamos la grabación, a las tres de la madrugada, nos enviaron de nuevo al hotel con una duda rondando nuestra cabeza: ¿emitirán esto alguna vez?
Nos fuimos a la cama con ese reconcomio existencialista que te impide conciliar el sueño y la esperanza de que al día siguiente el camino de vuelta careciera de percances. Aunque tengo que reconocer, que si no hubiéramos sido invitados, no habríamos conocido ese enclave tan peculiar que es Terra Mítica, encrucijada de civilizaciones.
Típica y tradicional estampa de Barajas...
Elliot y Mariano en el autocar.
Recuerdo de la clientela del Hotel Bali.
Vista desde la piscina de el "Coloso"
Angel, Elliot y Mariano en el vestíbulo. Sí, lo de atrás es un caballo vestido ¿?
Gonzalo, Elliot, Leonel, Angel y Alexis. Al fondo, tras la planta, Indurain.
Alexis y Elliot dando una clase magistral de buenos modales en la mesa.