De punta a punta
y sigo hasta Tarifa

Ese es nuestro sino. Un día estamos aquí y otro allá. Esa es la vida de un artista trupero. En este caso, de Belorado (Burgos), y tras pasar unos días en Madrid, pusimos rumbo a Tarifa: la otra punta, la punta más al sur de la península, famosa por Guzmán el Bueno y sus fuertes vientos, por el Surfing y el patering — una nueva modalidad de deporte de alto riesgo marino caracterizado por un trágico final. No solo porque algunos perecen en el camino, sino también, porque a aquellos que logran la meta no les espera la gloria. Al contrario, al llegar se encontrarán con tantas dificultades o más casi que en su país de origen.

Lo cierto es que nunca he sabido por qué lo llaman la “punta de tarifa”, si es por estar situada en el conocido accidente geográfico de forma puntiaguda o porque está en la otra punta del mundo... ¡Qué lejos! ...y ¡Qué carreterita! Fuimos por el interior para evitar los atascos de la costa. El paisaje es extraordinario pero acabas harto de tanta contemplación por culpa del estado de la calzada y las obras, y los atascos, y los camiones, y los domingueros, y... perdonen mi vehemencia pero es que cuando se pasa tanto tiempo en la carretera, se descubren cuales son los verdaderos hábitos y caracteres de los ciudadanos españoles que se rigen bajo la misma doctrina: ¡que se joda el vecino! Esta doctrina se ve reflejada en todas las acciones que realizan los conductores en este país, por ejemplo:
• Si hay dos carriles en los dos sentidos, el destinado para los vehículos más veloces siempre estará repleto de coches que van aún más despacio. Mientras que el carril para vehículos lentos suele estar vacío. ¿por qué? No lo sé.
• En la mayor parte de las maniobras, unos desconocen la existencia del intermitente y otros se olvidan de que lo tienen en funcionamiento hasta que aparcan.
• Por supuesto, si dejas paso amablemente o avisas de tener vía libre para el adelantamiento o de alguna anomalía, no esperes respuesta. No existe el mínimo atisbo de educación vial... ¿Qué digo?, de educación a secas.

Una vez superados los problemas y obstáculos del camino en el sentido más literal de la frase, a pocos kilómetros de Tarifa, divisamos una plaga de molinos de viento modernos, de estos que producen energía y que tanta controversia causan. La imagen, en ciertos momentos sobrecogedora, nos transportó a otro tiempo. Un tiempo futuro bastante presente, pero sobre todo un tiempo pasado donde Don Quijote y Sancho Panza, dos personajes en busca de aventuras y sufriendo adversidades causadas en su mayoría por el anacronismo y la contradicción constante, se hallan perdidos en una amalgama de molinos y gigantes... lo cierto es que no han cambiado tanto las cosas; puede que sí en cuanto a las formas pero la esencia fue insuperablemente descrita por Cervantes, y sigue siendo el retrato más auténtico de la naturaleza de los nativos de esta balsa de piedra que es España, como sugiere Saramago. Y hablando de balsas de piedra, también vislumbramos muy de cerca la famosa isla de Perejil, lo cual reforzaba más nuestro espíritu existencialista.

Tarifa nos sorprendió gratamente con su centro histórico y un público caluroso que reía a carcajada limpia al tiempo que agitaban frenéticamente sus abanicos. No hubo acontecimientos relevantes durante la actuación salvo que tuve que fabricarme improvisadamente un poncho con una tela donde Mariano suele hacer su Tai-Chi en lugar de la camisa negra, que suelo lucir para hacer de Gloria, porque se nos olvidó en la lavadora. También sonaron algunos móviles durante la actuación, pero la verdad, ya casi no nos afecta, pues desgraciadamente se está convirtiendo en una costumbre.

Al finalizar, nos fuimos a pernoctar a la casa que nuestro colega Antonio Molero tiene en los caños de Meca. Allí pasamos unos momentos memorables con él y Gadea, divertidísima y mordaz como siempre. Nos fuimos a la cama con dolor de abdominales de tanto reírnos y con la garantía de que íbamos a dormir como marmotas debido a la ausencia de cualquier tipo de civilización ruidosa. Pero nadie nos advirtió de la granja de gallos que colindaba con su casa y que no pararon de cantar desde las cinco de la madrugada hasta que nos levantamos. Y es que como decía mi madre: “después de la risa, viene el llanto”.

A la mañana siguiente, de nuevo puesta en marcha hacia Madrid; el cuento de nunca acabar. De nuevo nos esperaba la carretera con sus obras, sus atascos, sus camiones, sus domingueros aunque sea lunes y, sobretodo, con el buen humor de sus automovilistas rumbo a otra punta del mapa.


Ángel Ruiz,
QuésQuísPás